Faltando algunos minutos para las 5 de la tarde, el coro del publico “peste… peste….peste” reclama a la leyenda del rock nacional, con un teatro casi lleno, el calor apenas se asoma, anuncio una gigantesca conflagración, simplemente aguarda la señal. La banda sale pero Dilson, el gladiador de las mil pestes colombianas, no, aunque la vibración de su energía ya magnetiza el lugar, todos sabemos cómo son las vainas cuando está sobre la tarima, aparece entonces sobre las tonadas su silueta negra y la voz irrumpe sin mediar retroceso alguno, la fiesta había empezado, con ella la realidad de un país que hace varias décadas, soporta múltiples falacias, verdad vigente, reflejada en líricas visionarias sembradas veintipico años atrás en nuestros corazones, con ganas de ser entonadas en cada pancarta televisiva, radial o impresa expuestas por los dueños del poder; todo huele mal, para el grupo para nosotros, nada ha cambiado. Con el pasaporte vitalicio pestilente, el suelo tiembla, la danza del choque es incesante, con furia se corea cada palabra cada letra, invadidos los espacios de la mente, se acude a la canción más impactante (son varias), el riff siguiente advierte que ya no podemos soñar…..
Articulo Completo @ Autopista Rockosa